Lo que enferma y lo que sana al hombre. Anselm Grun/ Wunibald Muller

“Una espiritualidad a modo de un árbol: arraigada en la tierra y tendida hacia el cielo”. Wunibald Muller.

 

La imagen del árbol expresa una espiritualidad que tiende hacia lo alto partiendo de una situación terrenal, ligada a la tierra. Una tal espiritualidad  confía en las fuerzas de crecimiento  latentes en nosotros. Promueve la vida. Confía en que esas energías en nosotros, quieren hacer de nosotros lo que debemos ser y son más fuertes que las tendencias destructivas que también existen en nosotros.

Es una espiritualidad que une la tierra y el cielo, que aprecia y aprovecha tanto el agua y los nutrientes del suelo como el aire y la bendición de lo alto.

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Para una tal espiritualidad es importante estar integrada a todos los ámbitos donde se desarrolla nuestra vida. No restringe la actividad de Dios al plano de lo sagrado, que comúnmente se entiende como plano de la oración, administración de los sacramentos y otras actividades relacionadas con la iglesia. Más bien considera todos los aspectos del mundo y de nuestro ser como campo de acción de Dios. Está integrada al concierto de toda nuestra vida, está en relación con nuestro cuerpo, alma y mente, influyendo sobre nuestras relaciones humanas y contribuyendo a una relación con Dios que brote de lo hondo de nuestro ser.

En este sentido entiendo la espiritualidad ante todo como una dimensión más profunda en nosotros, los seres humanos, presente en cada persona independientemente de su pertenencia a una comunidad o confesión religiosa.

Si es una espiritualidad sana, conectada a tierra, capaz de incidir realmente en nuestra vida, entonces tendrá un efecto positivo sobre nuestra salud psíquica, y la superación de experiencias limite en nuestra vida…

Para nuestra vida y para una humanidad cabal es importante una espiritualidad sana.

En este sentido hay que entender a CGJung, especialista en psicología profunda, cuando dice:

“Entre mis pacientes que han pasado la mitad de la vida, vale decir, mayores de 35 años, no hay uno solo cuyo problema de fondo no provenga de su actitud ante lo religioso. En efecto, todos sufren de algún modo por haber perdido lo que las religiones vivas ofrecían a sus fieles para todos los tiempos, y ninguno se cura realmente si no recupera su dimensión religiosa, lo que naturalmente no tiene nada que ver con confesión religiosa ni pertenencia a tal o cual iglesia”

Una espiritualidad que valore nuestro cuerpo y sus necesidades.
Aceptarme plenamente a mí mismo como persona dotada de cuerpo y alma.

Fuente:
Anselm Grun, monje y sacerdote benedictino alemán , Dr en psicología ,Teología y Ciencias Empresariales.
Wunibald Muller,Dr en teología, psicólogo clínico y psicoterapeuta.

Publicado por losnumerosylavida

Los Números y la Vida es una escuela de numerología karmica dirigida por Teresa Gómez, licenciada en bioquímica, astrología, tarot y numerología karmica.

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